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En Pocas Palabras

(El Blog de Cordura)

Podemos (III): ¿El rey va desnudo?

Modesta aportación, analítica pero cordial, al presente debate en Podemos sobre las causas del batacazo del 26J, en el marco de nuestra serie sobre la naturaleza de esta formación política. Además, sin ánimo acusador pero sin tabúes, se sugiere un revulsivo.

«La confluencia se ha revelado como el camino correcto»
(Pablo Iglesias, secretario general de Podemos).
«Ciertamente, el acuerdo [con Izquierda Unida] no parece haber funcionado»
(Íñigo Errejón, secretario político de Podemos).

A-PableteAquí no se trata de avivar la “guerra” –mediática– entre pablistas y errejonistas. Se parte de  reconocer la inmensa valía de los dos compañeros así aludidos y la necesidad de que sigan juntos, aportando su sapiencia al proyecto. Como se verá, la tesis aquí sostenida da la razón a la anterior cita de Pablo frente a la de Íñigo, lo que no implica ningún sí incondicional al primero.

 ¿Fracasó la coalición?
A efectos didácticos, a continuación ofrecemos esquemáticamente nuestra tesis1 y reservamos el primer comentario del hilo para ampliarla mediante notas a pie:

  1. La coalición con Izquierda Unida (IU) funcionó en grado relevante: gracias al número de escaños (69 + 2 = 71), Podemos camufló su bajada e IU los aumentó de 5 a 8.
  2. Téngase en cuenta, además, que la base principal de la comparación para medir la bondad o no de la coalición Unid@s Podemos (UP) no puede ser el 20D sino las expectativas electorales de las semanas previas a la constitución de aquella (cuyo preacuerdo llegó el 9 de mayo).
  3. En esas semanas, ateniéndonos a las encuestas, Podemos podía perder incluso más de 20 de los 69 diputados del 20D.2 Quizá, partiendo de esa base, 2 más 2 sí fueron 4.
  4. Podemos había nacido como un partido transversal, lo que le llevó a rechazar tajantemente coaligarse con IU en aquellas elecciones.3 La confluencia general de cara al 26J se explica necesariamente, desde el lado de Podemos, por las pobres perspectivas que le auguraban los sondeos.
  5. El millón largo de votos perdidos, que sin duda ha supuesto un fracaso para UP, habrá que explicarlo no tanto por la confluencia en sí como por los antecedentes de la misma y factores similares.4

¿Qué es lo que falló?
Por supuesto, lo anterior no niega que, en comparación con los resultados del 20D, Podemos ha fracasado el 26J. Sin embargo, nos ayuda a comprender por qué no sobrevino un escenario cercano a la debacle, aunque sí un alarmante desplome (en votos). Como ya hemos apuntado, para averiguar los principales motivos del mismo hay que remontarse a los meses previos al surgimiento de UP, y especialmente a la minilegislatura fruto del 20D. Veámoslo:

  1. El concepto clave es desgaste. Pero, como vamos a ir viendo, resulta demasiado amplio. Para empezar, hay que relacionarlo con la imagen de Podemos y con quien más la ha nutrido: su secretario general.
  2. Pablo Iglesias tiene rasgos de líder nato. Es activo, rompedor, con gancho y singular capacidad de arrastre; también es, y sobre todo resulta, demasiado polémico, lo que en parte se debe a las características del proyecto Podemos, enfrentado al establishment, pero también a su propia personalidad.
  3. El colmo ha sido la manida pero incuestionable sobreexposición mediática de Pablo (de la que se lleva hablando más de año y medio –ejemplo–, sin que nunca se corrigiera).
  4. Por genial que sea el personaje, nadie es perfecto, y tanta presencia en los medios provoca saturación en la audiencia y propicia la multiplicación de errores y defectos5 en la transmisión del mensaje. El resultado es hartazgo y pérdida de credibilidad. El protagonista se acaba quemando y, lo que es peor, tiende a quemar también el proyecto.6
  5. Volviendo a la breve legislatura pasada, parece indudable que, aun cuando Podemos fue más honesto y coherente al buscar pactos que sus rivales directos (PSOE y Ciudadanos), en ella prevaleció el relato de estos últimos (pero no sin graves errores de imagen de Pablo Iglesias y los suyos, pese a conocer la importancia de la percepción pública de sus actos).
  6. Para comprender aún mejor el batacazo, es necesario remontarse todavía más atrás: a la precampaña del 20D, hace ya un año, cuando Pablo Iglesias empleaba palabras gruesas refiriéndose a IU.7 Alguien previsor y que conoce la importancia de las emociones nunca debería haber caído en ese error.

El revulsivo
Ahora nos toca ser niños, como en el cuento, y señalar la desnudez del rey (por más que, a diferencia de las típicas aplicaciones del cuento, sea un “rey” realmente querido por la gran mayoría de sus “súbditos”).

Aunque Podemos no es un partido tan personalista como por ejemplo Ciudadanos, la genial desmesura de Pablo Iglesias –que la tiene para bien y para mal– ha agostado la frescura de esta fuerza política para un creciente sector de electores. Dado el magnetismo del personaje (tan repulsivo como atractivo), eso genera un techo de facto que bloquea las posibilidades de crecimiento y ahuyenta más que atrae a sectores que de otro modo podrían votar a Podemos.

En razón de ello, desde la gratitud por lo que ha dado (el propio hecho de haberse quemado involucra mucha generosidad), parece llegado el momento de que, como él mismo insinuara hace más de un año, pase a un segundo plano.8 Pablo es joven, y si se lo toma, al modo de Moisés, como una temporada en el desierto, le será a él mismo de provecho, ayudándole a madurar. Tal decisión, en todo caso, puede ser beneficiosa para Unid@s Podemos (que tiene “banquillo” de sobra para reemplazarle: Alberto, Ada, Íñigo, Mónica, Echenique…) y para España, al desbloquear el futuro de la única formación sólida realmente alternativa al pensamiento único. Y sin perjuicio de que, ya completada su maduración, Pablo pudiera regresar al primer plano.

Podemos (II): ¿Un partido cristiano?

«Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me recogisteis…» (Mateo 24: 35).

«Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gálatas 3: 28).

«Felices vosotros cuando os insulten y os persigan, y cuando digan falsamente de vosotros toda clase de infamias por ser mis discípulos…» (Mat. 5: 11-12).

 

A-Dignidad

“¡¿Los de Podemos, cristianos?! ¡Pero si son abortistas, si defienden la ideología de género, si la mayoría son ateos…!”, replicarán los respetables cristianistas para quienes la religión de Jesús no es más que “moral y costumbres”; o que, todo lo más, la confunden con tradiciones patrias y ciertas pautas esperables en los profesos “cristianos” (debidamente aburguesados). Cuestión despachada.

Así llevan mucho tiempo reduciendo una praxis social de máximos, centrada en el amor a los necesitados, a un moralismo de mínimos, tan cómodo para su visión conservadora de la vida. Anteponen unos valores superficiales que de algún modo les dan seguridad, al evangélico servicio a los demás hasta las últimas consecuencias (ver también). Y se han llegado a creer que rasgarse las vestiduras por el “asalto” a una capilla o por los desfiles del “orgullo gay” es una actitud más cristiana que tratar de parar un desahucio o defender la sanidad pública de verdad.

La realidad, a poco críticos que seamos, se ajusta muy poco a esos esquemas tan reactivos y reaccionarios. Un mínimo conocimiento de las bases del cristianismo nos recuerda su defensa radical del igualitarismo, de la dignidad de la mujer, de los desfavorecidos, de la paz y la laicidad, de la transparencia y la responsabilidad moral, de la sonrisa frente al odio, de la fraternidad

Por otra parte, no es raro que llamar “cristiano” a Podemos también pueda chocar, con razón, incluso a mentes instruidas. El propio nombre de la formación (“Podemos”) y su lema típico (“¡Sí se puede!”) evocan una ética humanista, muy alejada de la del Maestro (ver también). Pero no hay que olvidar que el cristianismo bíblico, a la vez que nos invita a la perfección moral, exalta el valor de la propia conciencia, sea o no creyente quien la alberga. [Es justamente en la lucha, tan necesaria, por esa perfección moral como descubrimos que necesitamos algo más, seamos o no cristianos.]

Sin duda, no cabe llamar a Podemos, ni a sus principales portavoces, cristianos en sentido estricto; ni a su praxis, ni al conjunto de su filosofía (entre otros rasgos, abusan del “Somos los mejores”, lo que choca con las más elementales apelaciones cristianas a la humildad; incurren en un irreflexivo papismo de facto; etc.). Pero lo cierto es que tanto este partido-movimiento como su entorno (PAH, 15M, IU, mareas, marchas por la dignidad…) llevan años dejando en evidencia a los que se llaman “cristianos” mientras permiten que su prójimo, especialmente el débil, agonice a su lado, sin hacer otra cosa, en el mejor de los casos, que darle alguna limosna sobrante. Si ante esa situación alguien pregunta “¿Dónde están los cristianos?”, no queda más remedio que señalar la defección de quienes así se autoproclaman (nos autoproclamamos), y/o, más positivamente, apuntar en dirección al entorno de Podemos, con todos sus defectos.

Por eso, si te sientes cristiano de verdad, de los que anhelan seguir a Jesús de Nazaret, no consientas que te engañen los que no quieren que en este país nunca cambie nada esencial. Y mucho menos, que lo hagan en nombre de Cristo.

Los jueces de los titiriteros

Imagínatelo. Estás denunciando públicamente el atropello sufrido por un amigo: «…Y le acusaron de decir “Estoy dispuesto a matar a Fulanito de Tal”, cosa que me consta que jamás dijo…» Entonces, alguien llama a la policía: «El orador ha dicho: “Estoy dispuesto a matar a Fulanito de Tal”». Llegan unos agentes, te detienen, te entregan a un juez y finalmente este dicta auto de prisión incondicional por haber dicho “Estoy dispuesto a matar a Fulanito de Tal”. ¿Injusto? Absolutamente. ¿Absurdo? Del todo. ¿Inverosímil? Por desgracia no, ya que en esencia esto es lo que les ocurrió la semana pasada a unos titiriteros del carnaval madrileño.

Hay que volver a este asunto –en segundo plano desde que recibieran la libertad condicional tras cinco días en prisión–, pues el caso no ha concluido ni parece que se esté resolviendo de manera justa. Algo muy alarmante por tratarse de una brutal conculcación de derechos elementales que no ha sido percibida así por gran parte de la sociedad.

En su auto, de embarullada (¿apresurada?) redacción, el juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno Chamarro afirma que «los hechos, a tenor de los cuales se produce la exhibición de un cartel, con la leyenda “Gora Alka-ETA”, constituyen un delito de Terrorismo [sic]».

Estos días se ha insistido mucho en la aberración que supone juzgar así una obra de ficción. Pero una ficción puede incluir elementos objetivamente dañinos, intolerables e incluso ilegales en un genuino estado de derecho. La clave no está en la ficción sino en la intención, y el problema radica en que el auto no analiza el guion de la obra representada, ni siquiera el contexto inmediato a la “exhibición” de ese cartel. Si se procede a ese análisis, se comprende enseguida que el citado letrero no aparece en el guiñol para alabar a banda terrorista alguna, sino que un títere lo coloca en el cuerpo de otro para sembrar una prueba falsa. Sin ser una historia simple, parece que, una vez analizada, es lo bastante sencilla como para que un juez (?), un ministro del Interior e infinidad de “periodistas” (ejemplo) no tergiversen obscenamente el asunto hablando de “enaltecimiento del terrorismo”.

En suma, “Gora Alka-ETA” sería nada más que una cita, en el sentido de “mención” (ver DRAE). Dicho de otro modo, según el motivo esgrimido por el juez Moreno, yo mismo debería ser encarcelado al usarla aquí; no solo yo, sino antes que yo la legión de “periodistas” que se lanzaron sobre esa carnaza con fines nada periodísticos; ¡e incluso el propio juez, quien cita “Gora Alka-ETA” hasta tres veces en su abominable auto (anti)judicial! (¿Es consciente de que dicho auto habrá llegado a mucha más gente que el número de asistentes al guiñol de marras?).

A-GoraJuez1
Facsímil de mención (con negrita original) en auto del juez Moreno

Con todo esto en mente, ¿es raro que pronto surgiera una iniciativa ciudadana para encausar al juez como prevaricador, o que se presentase ante el Tribunal Supremo una querella contra él y contra la fiscal del caso? Ni siquiera debiera extrañar que una víctima de ETA criticara públicamente el atropello a los titiriteros.

¿Cómo explicar lo ocurrido? No, no cabe achacarlo a un grave error del juez y sus corifeos, ¡tiempo han tenido ya de corregirlo! Creo que son móviles políticos y sociológicos los que ayudan a explicarlo:

  1. La constante campaña contra Podemos y su entorno (sin parangón ya en la historia de nuestra microdemocracia).
  2. La evidente consigna del PP de explotar la cuestión terrorista (curiosamente, tanto más cuanto más lejos quedan los crímenes etarras).
  3. La mentalidad acusadamente guerracivilista aún presente en muchos de nuestros compatriotas (un legado de la tragedia de España).
  4. La experimentación en control social que, al calor de la “Guerra contra el Terror”, viene produciéndose en Occidente especialmente tras el 11-S, y que permite comprobar cómo grandes capas de la población consienten pasivamente recortes en las libertades ante el fantasma del terrorismo.

También cabría mencionar la tibieza de la alcaldesa de Madrid y el turbio pasado del juez Moreno, pero no creo que eso afecte al fondo del asunto.

Por qué es tan importante priorizar la cuestión de la guerra

Hoy, 30 de enero, aniversario de la muerte de Gandhi, está declarado Día Escolar de la No Violencia y la Paz. Parece un momento oportuno para recordar, a niños y adultos, por qué la guerra es lo peor, y aún más cuando la que prevalece es la guerra de agresión.

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Procedencia de la imagen

Con el pretexto de un oscuro terrorismo de cuño novedoso, los poderes terrenales nos vienen acostumbrando sutilmente a una dinámica de guerra. Se trata, nos dicen, de defender nuestra seguridad y preservar “nuestro modo de vida”. También, aunque cada vez más secundariamente, se apela a proteger los derechos humanos de otros pueblos (que acaban siendo, paradójicamente, las primeras víctimas de nuestras guerras). Pero sobran las evidencias para saber que son justificaciones de la guerra imperialista. Lejos queda hoy aquel alegato de Kant por La paz perpetua, cuyo 5º artículo preliminar decía: «Ningún estado debe inmiscuirse por la fuerza en la constitución y gobierno de otro.»

Pero, si cualquier violencia aislada nos parece de suyo odiosa, ¿nos hemos planteado el infierno que involucra una guerra? Quizá a quienes hemos tenido la suerte de no vivir ninguna nos cueste imaginarlo.

La guerra implica todo lo malo concebible (no podremos ser exhaustivos): violencia, odio, mentira; muertes, heridas, mutilaciones, violaciones; represión en cada bando, simplismo bipolar, espíritu totalitario; demolición de viviendas e infraestructuras, devastación ecológica, destrucción del patrimonio histórico; hacinamiento, falta de higiene, enfermedades, epidemias; mercado negro, saqueos, hambre; sentimientos de pérdida, terror, angustia, recelo, rencor; posguerra con miseria, precaria organización estatal, dominación de vencedores sobre vencidos, traumas acumulados…

Podemos decir, en consecuencia, que en las guerras se violan todos los derechos humanos y se provocan daños de toda índole (económica, psicológica, moral, ecológica…, vital). Alguien dirá que guerras con objetivos bien delimitados no tienen por qué llegar a tanto; ¿no nos enseñan lo contrario las guerras del siglo XXI?

Con todo esto, si no estamos padeciendo una guerra pero sabemos que otros sí la padecen, ¿cómo reaccionaremos? (Estamos ante la dimensión moral).

Por otra parte, la guerra imperialista indica que quienes la hacen están dispuestos a todo. Esto tiene tremendas implicaciones más allá de la guerra con tanques, aviones y misiles. Significa que los guerreristas son capaces de provocar toda la barbarie que hemos descrito con tal de preservar sus intereses y reforzar su dominio. Cuando esto es así, entonces toda la realidad se llena de guerra y violencia, aun cuando no siempre aparezcan los tanques ni se escuchen las explosiones. Y tan objetivos de guerra se tornan los pueblos cuyos recursos se quiere depredar como aquellos que conforman la retaguardia de los ejércitos agresores si se oponen a la guerra imperialista o a sus fines.

No es raro que cuando se declara el estado de guerra permanente (como viene ocurriendo desde el 11-S), se impongan leyes que violan los derechos de esos últimos pueblos (la “ley mordaza” es solo un ejemplo). Tampoco es raro que en el marco de un estado de guerra dictado por el capitalismo se coarte cualquier avance social progresista (caso de Grecia). Los recortes de libertades y derechos en los países bajo poderes belicistas son la otra cara de la guerra. En suma, los ciudadanos son tan enemigo de facto como los terroristas extranjeros.

Así pues, adquirir conciencia sobre la gravedad de la guerra resulta imperioso para frenar todos sus efectos. Con tanto mayor motivo cuanto más extenso y abarcante sea el impulso bélico, rasgo propio de la guerra imperialista que pretende la dominación del globo con la lógica consecuencia de una tiranía global. Dada la realidad que vivimos en nuestros días, esa concienciación deviene entonces tan urgente como la más destacada de nuestras prioridades, sea la que sea. Por esta razón, cualquier proyecto que busque aunar esfuerzos en red por el freno a la barbarie debe situar la denuncia, el desenmascaramiento y la oposición a la guerra (y al estado de guerra) como su primer objetivo, o al menos como un objetivo tan elevado como el que más.

La tragedia de España (I): El único y premoderno referente identitario

Con la “cuestión territorial” nuevamente en el candelero, conviene recordar que la problemática de España es hija de su historia. Para ello, actualizamos aquí un texto que en su versión original ya vio la luz hace casi una década. El asunto es tratado en términos puramente analíticos.

A-EspañaRota
Imagen extraída de aquí.

La identidad española tradicional surge con la “Reconquista”, y de mala manera (antes no había identidad unitaria en absoluto; no es raro que, como recuerda el historiador españolista García de Cortázar, la mayoría de los hispanos, hartos del explotador dominio godo, recibieran a los árabes con los brazos abiertos). Pero esa identidad gestada en la lucha contra los árabes nunca deviene unitarismo voluntario –a la manera jacobina, por ejemplo–. Cuando la unidad llega, es impuesta desde arriba y con las reticencias de amplios sectores de la periferia.

Después en España nunca ocurrió una ruptura real con el pasado. Prevaleció siempre la Reacción (ya en la época contemporánea, los dos periodos republicanos fueron intentos fallidos de superarla). Esto nos diferencia de las naciones europeas que sí conocieron acontecimientos rupturistas genuinos y perfectamente datables.

De ahí que nuestra izquierda, aunque nunca propiamente “antiespañola”, siempre ha recelado de la identidad “españolista”, que ve impregnada de reaccionarismo y confesionalismo. Eso explica también su apertura al nacionalismo periférico (ya en las dos repúblicas) y su gran diferencia con la izquierda de Italia. [En efecto, la izquierda italiana es unitarista por una razón muy simple: allí la unidad, que no llega hasta el siglo XIX, se consigue a costa de la religión dominante (pasada la mitad de ese siglo, los Estados Pontificios aún tenían una cuarta parte del territorio italiano, y estaban protegidos por Napoleón III). Es, entonces, una conquista progresista. El concepto moderno de la identidad italiana es republicano-liberal y de raíces laicistas (el “héroe” Garibaldi era un masón miembro de los Carbonari, radicalmente anticlericales). En cambio, en España la unidad se basa en la identidad católica romana arraigada en la lucha contra el “moro” y el “hereje”, identidad que se remonta a una época altomedieval. Tan simple como eso. La izquierda italiana es incluso más unitarista que la derecha; aquí sucede lo contrario.]

Al no haber triunfado nunca sólidamente ningún movimiento contra la Reacción, cabe afirmar que en España siempre han mandado los mismos. Nada que ver, por ejemplo, con la Revolución Francesa que, a fines del XVIII, pone abrupto fin al Ancien Régime. Como aquí no cuajó, al nivel del poder, ninguna corriente alternativa, no hay otro referente identitario español con verdadero arraigo que el de la Reacción. Los demás (desde el regeneracionismo más rupturista, noble y profundo, hasta la mentalidad progre, necia y superficial) como mucho se quedaron a medias. Y desdeñados por los españolistas de pro al ser corrientes dudosamente “autóctonas”.

En términos hegelianos (tríada tesis-antítesis-síntesis), podríamos decir que en España no hubo ni hay otra cosa que tesis. La antítesis jamás llegó a hacerse realmente con el poder (a diferencia, p. ej., de la Francia del Terror revolucionario), de manera que nunca hemos disfrutado de los calmos, largos y benéficos períodos que aporta la síntesis (como los que, tras una lenta asimilación de radicalismo y bonapartismo, llegaron en la Francia posrevolucionaria). Y en las etapas aparentemente más pacíficas, como la actual, nunca ha dejado de cuestionarse, incluso en la práctica, el modelo territorial.

Esa es la tragedia de España. Por eso hoy, cada vez que se hablar de emprender reformas básicas del estado, cunde la sensación de que vamos hacia el abismo. Un vértigo que acusan de manera muy especial quienes más se identifican con el único referente identitario de la españolidad histórica. Para los herederos de quienes siempre impidieron cualquier ruptura modernizante, el grito de alarma es: “¡Se rompe España!”.

En ese contexto surge Podemos: la única fuerza potente que, hoy por hoy, parece proponerse la misión ¿imposible? de cambiar el marco político y territorial de España garantizando a la vez su unidad voluntaria.

Podemos (I): ¿Demasiado bueno para España?

No se trata de culpar ni de ofender a nadie. No soy un fan de Podemos. Sé de activistas serios y militantes que lo rechazan, atribuyéndole efectos desmovilizadores. No simpatizo con ellos menos que con Podemos.

A-Podemos

España. País multisecularmente pícaro y guerracivilista (civil no solo fue la guerra del 36, también las carlistas, las comuneras, la “Reconquista”…). Saliendo del franquismo, compró paz y libertad a cambio de pseudobipartidismo de obediencia atlantista. Narcotizado pronto por progres con labia (y por “marxistas” como el alcalde de la “mov… madrileña”). Relegado a un papel gregario por los amos del mundo. Convertido –tradición obliga– en destacado laboratorio antilaicista, pero también “neoliberal”… Un país en el que siempre mandaron los mismos. En ese marco, el fenómeno Podemos (como antes el 15-M) es a la vez clamor social y proyecto utópico. Lo primero, porque caía de su peso que a políticos ladrones y mentirosos, a banqueros desalmados, había que enfrentarlos con carácter de urgencia. Lo segundo, porque si hay una identidad genuinamente hispánica, esa es precisamente la división, imposible de enterrar bajo artificios de unidad impuesta, sea simbólica (himno, bandera, éxitos deportivos, historia-mito…) o territorial.

El milagro eclosionó un quince de mayo. El pueblo dijo apoyarlo. Cuando su inercia se extinguía (no sin interesantísimas ramificaciones de rebelde expresión popular), surgió un grupo que venía a reavivarlo y a la vez a dividirlo. Un catalizador en forma de partido que, como tal, dejó partido al movimiento originario. Que al expresarlo electoralmente, en gran medida lo inmolaría socialmente. Detestado por las elites económicas (aunque lucrativamente aupado por algunas de sus terminales mediáticas), tanto como por la “izquierda real” más burocratizada, Podemos inauguró un experimento consistente en simultanear política y politología, en bregarse en los shows de LaSexta sin abandonar los debates serios (‘La Tuerka’, ‘Fort Apache’), y en tratar de superar por fin, desde posiciones de izquierda, la dicotomía izquierda-derecha (falsa por llamar “izquierda” a la derecha amable, pero eficaz para perpetuar los fantasmas guerracivilistas).

Podemos, para algunos de nosotros, es como un hijo demasiado travieso: no para de darnos disgustos, pero le seguimos queriendo porque eso no es todo. Dejó en segundo plano temas clave como la sombra creciente de la OTAN y del papado (con cuyo representante actual incluso coquetean), asumió enseguida excesivo verticalismo viejo y personalista, abusó de frases populistas y de tacticismo electorero, alardeó frívolamente de planteamientos competitivos… Con todo, en la estela del Frente Cívico de don Julio (y para gozo de quienes ya sentíamos esa necesidad), comprendió que cambiar la sociedad y superar la guerra social tan cara al Poder requiere ser más transversales y menos dogmáticos; denunció lúcidamente la conexión entre corrupción masiva y desmantelamiento del estado social; se creyó que era posible ganar elecciones desde posiciones realmente alternativas (“¡Sí se puede!”); abrió sus puertas a toda la ciudadanía; se bajó los sueldos y se negó a depender de la banca, uniendo su suerte a la de la gente (microcréditos, crowdfunding…; sigue sin valorarse lo bastante esta novedad); defendió la alegría y recuperó conceptos como la fraternidad e incluso el amor; practicó la transparencia tanto de las cuentas como de las estrategias propias (la politología simultánea…); sacudió los cimientos del monopartidismo (i.e., del Régimen), despertando ilusión como no ocurría desde el fraudulento PSOE felipista.

Demasiado… Demasiado bueno para el país arriba descrito. País sufrido, genéticamente dividido, y apenas preparado para tanta novedad: Podemos no gobernará tras el 20-D. Eso quizá entrañe que, de manera efectiva, no lo hará nunca. Pero no será porque no hubiera valido la pena.

Por un no a la guerra con bases más sólidas

 

«Yo, que con malvada satisfacción denuncio a mis vecinos por su utilización de chivos expiatorios, sigo considerando los míos como objetivamente culpables» (René Girard)

A-chivo

Podemos y debemos decir “No a la guerra”, pero eso no basta. Las cosas han evolucionado de tal modo que se les han puesto muy de cara a los belicistas. “¿Qué queréis, que nos dejemos matar?”, nos espetaba recientemente un ciudadano en una concentración pacifista. Con tono y mirada, por cierto, cargados de un odio que no solo dirigía a los terroristas (lo confirmó después llamándonos “idiotas”).

El caso ilustra la magnitud del problema que encaramos: una población, totalmente manipulada por los mensajes mediáticos, que se revolverá cada vez más contra los disidentes (chivos expiatorios sobre los que verter, de paso, cuantas frustraciones vitales llevan años acumulando). Normal. La mayoría de la gente no ha hecho los deberes. Lleva décadas sin abordar críticamente los datos que recibe. No es raro que acepte las versiones oficiales.

Pero, ¿y nosotros, los sectores contrarios a la guerra? ¿Hemos hecho los deberes? Mi experiencia personal no me permite ser muy optimista. Son ya múltiples los encuentros con firmes detractores de la violencia imperial que asumen no pocas premisas dominantes sobre terrorismo, guerras y geopolítica. Muchos creen, por ejemplo, que Occidente realmente quiere acabar con el “yihadismo” (su supuesto enemigo, al que utiliza desde hace tiempo; ver también 1 y 2); que el papel de Rusia en Siria viene a ser igual de agresivo que el de Occidente; o que atentados como el de París no son más que respuestas a las campañas bélicas del Imperio. Con bases como estas se apuntala el discurso oficial –el del sí a la guerra– y se torna mucho más difícil responder a críticas como la del pobre hombre arriba citado. Máxime cuando, pronto, sobrevengan nuevos brutales atentados “yihadistas” y nos insistan que urge acabar con ellos “allí donde están”.

Lo peor de dichas premisas es que son falsas, pero lo más terrible es que, tras asumir patrañas encadenadas durante décadas (al menos, desde el 11-S), no es realista pensar que tengamos mucho margen para revertir tanta manipulación. Aun así, formularemos aquí algunas preguntas que podrían cuestionar radicalmente el discurso oficial:

–¿Por qué tras la caída del Muro de Berlín, Estados Unidos ha seguido aumentando sus bases militares en el extranjero? (Ver también).

–¿Por qué sigue existiendo la OTAN 24 años después de desaparecido el Pacto de Varsovia?

–¿Cuántos sabemos que en 1954 la URSS, la gran excusa para la existencia de la OTAN, solicitó su ingreso en ella?

–¿Qué es la Red Gladio?

–¿Cuán creíbles son los relatos oficiales sobre los grandes atentados del siglo XXI (11-S, 11-M, 7-J…)?

–¿Por qué los órganos mediáticos del Imperio ocultan la decisiva presencia neonazi en el actual régimen (golpista) ucraniano? (Ver también).

–¿Realmente puede alguien creerse que el Daesh, por muy “ejército de fanáticos” que sea, podría subsistir cuatro días (como cualquier otra banda que pusiera en jaque al mundo) sin el apoyo de potencias relevantes? (Ver igualmente).

–¿Tanto nos cuesta descubrir que el terrorismo “yihadista” resulta funcional a los planes del Sistema-Imperio?

–¿Nos hemos preguntado si existen realmente las “intervenciones humanitarias”?

–¿No somos capaces de ver que nuestros gobiernos nos están educando en el odio para seguir arrebatándonos nuestras libertades?

Los guerreristas llevan ya mucha ventaja en su lucha contra la humanidad. El tiempo es escaso (y la gente necesita chivos expiatorios). ¿Reaccionará la humanidad frente a sus auténticos verdugos…?

Siria: Rusia, ¿cayendo en la trampa?

De septiembre para acá, la cuestión siria ha entrado en una nueva dinámica que abona la impresión de que Rusia está cayendo en una trampa como en su día la URSS en Afganistán (años ochenta). 

A-Putin y Obama

A petición de Asad, Rusia entra en Siria a luchar contra el Daesh. Unos cuantos golpes eficaces, y enseguida pone en evidencia a Estados Unidos, que llevaba un año haciéndolo “inútilmente” (¿para provocar a Putin? Recuérdese esto). En Ankara una marcha por la paz es objeto de un extraño atentado que mata a unas cien personas. Un avión ruso de pasajeros sufre un ataque en el Sinaí (mueren 224). Atentados en París atribuidos al Daesh: 130 ciudadanos muertos (además de siete presuntos terroristas). Entonces el G-20 se reúne en Turquía, donde Putin señala implícitamente como cómplices del Daesh a gobiernos allí representados. Rusia y Francia acuerdan coordinar sus ataques al Daesh en Siria. La resolución 2249 del Consejo de Seguridad de la ONU autoriza de facto a las distintas potencias a atacar a los terroristas en Siria e Irak (sin exigir la autorización de sus gobiernos, frente a la voluntad inicial de Rusia). Cae otro avión ruso, esta vez militar y en suelo sirio, abatido por Turquía (necesariamente, con la anuencia de la OTAN).

Aunque Putin no tiene un pasado pacífico ni moralmente impoluto, nadie podrá negar que frente a Occidente viene combinando grandes dosis de mesura y prudencia con sus bien conocidas frialdad, firmeza e inteligencia estratégica. Sus pasos, tanto en Ucrania como en Siria, reflejan temple y coraje no exentos de cautela ante un adversario al que sabe más poderoso.

Tras lo de París, multiplicó los gestos de buena voluntad que ya venía mostrando en las semanas previas. Prueba de ello fue incluir el lema “Por París” en sus misiles o enviar a Francia un cachorro para reemplazar a la perra policía perecida en los atentados. Además, el presidente ruso se aprestó a declarar al país galo aliado de Rusia. Con estas bases, es inconcebible que ningún caza ruso pretendiera provocar a la OTAN entrando en Turquía.

La OTAN conoce la debilidad rusa y la explota. El derribo del caza es un nuevo recado, como el del avión comercial a finales de octubre, contra el recién adquirido protagonismo de Rusia en Siria. El mensaje imperial es claro: “Putin, no olvides quién manda aquí. No creas ni por un momento que pasarás de tener un nivel subalterno en la actual geopolítica mundial. De lo contrario, atente a las consecuencias.”

Los medios del Sistema-Imperio falsean la pugna en torno a Siria reduciéndola, en el mejor de los casos, a un duelo de ambiciones entre potencias enfrentadas. Semejante planteamiento prescinde del hecho de que la fuerza agresora es Occidente, y de que Rusia, al defender a Siria, se defiende también a sí misma, consciente de cómo la OTAN lleva décadas cercando su territorio.

Si a eso se añade que el hijo del atlantista turco Erdogan controla el tráfico de petróleo sustraído por el Daesh (secreto a voces, por más que lo calle la prensa “libre” occidental), ¿realmente hemos de creernos que la dramática situación actual se reduce a una cuestión de fanatismo religioso violento, como dan a entender los gobernantes occidentales?

Esperamos poder seguir analizándola en breve.

¿Todos somos París?

«Aux armes, citoyens. Formez vos bataillons.
 Marchons, marchons!
 Qu’un sang impur
abreuve nos sillons! […] Amour sacré de la Patrie,
 conduis, soutiens nos bras vengeurs» (La Marsellesa).

A-Uniformidad.jpg

Soy culpable, lo confieso. Aunque me pareció brutal la matanza de la otra noche en París, me sobrecoge aún más –he aquí mi culpa– la reacción de tanta gente, quizá la mayoría. Me sobrecogen esos unánimes minutos de silencio en tantos centros de trabajo, especialmente públicos. Me sobrecoge tanta apelación patriótica en Francia y por aquí. Me sobrecoge tanta unidad repentina

Los hinchas cantaron la Marsellesa
Francia será implacable
“Todos unidos contra el terrorismo”
“Todos somos Francia”
“Todos somos París”

Todos… Todos… Todos…

Horas de emoción. Hay que estar con las víctimas. Contra los terroristas. Unidos. Todos unidos. Llorando primero. En silencio un minuto. Clamando después contra el terror. Unidos. Con los gobiernos que nos protegen de los terroristas (tres meses de estado de emergencia) y acabarán derrotándolos. Con François Hollande, el principal objetivo de los terroristas, por fortuna frustrado…

Hollande. El que arma a terroristas que masacran sirios (ver también), el que bombardea ilegalmente desde hace meses ese país, el guerrerista contra Siria que sigue la estela del agente de la CIA que lo precedió. Responsable en primer grado de la tremenda crisis de los refugiados, definitivo enterrador de la política exterior autónoma de Francia, paladín de la OTAN.

Todos con Hollande.

Casi todos estamos, en mayor o menor grado, insatisfechos con nuestras vidas. La economía va “regular”, nuestras conciencias no siempre nos bendicen. Tenemos una vaga, pero gigantesca, sed de plenitud. Cuando ocurre algo como lo del viernes, explotamos. Nos señalan el enemigo y empezamos a descargar nuestro odio sobre él. Bendita catarsis. De repente, nos sentimos parte del Todo, y a fe que lo agradecemos. Es el panteísmo promovido por la fabulosa máquina de propaganda mediática. Estatal. Imperial. Religiosa. De repente, todos legitimamos la guerra. El “algo habrá que hacer…” se carga ahora de razón al sentirnos todos unidos. La razón de la emoción. La emoción de reaccionar en caliente, dejando de lado algo tan desagradable como pensar, fuente de angustias y remordimientos…

Los enemigos son esos “yihadistas” de maldad reflejada en aquellos vídeos tan peliculeros… No es momento (ahora menos que nunca) de preguntarnos por qué son tan peliculeros. Ni quién es Hollande y qué tiene que ver con ellos. Es hora de exigir mano dura. Aunque nos cueste nuevos recortes, seguramente definitivos, de nuestras libertades.

En España, junto con IU, Podemos esta vez ha sido valiente. Ha osado ser voz disonante. Romper el “todos unidos” del Poder. En contraste con sus crecientes coqueteos con la OTAN, ha optado ahora por mantener la cabeza fría y apostar por la paz.

¿Por cuánto tiempo? ¿Cuánto aguantarán la presión? Dependerá de la firmeza de sus convicciones. Precaria como es, no soportará muchos más envites de la propaganda. Quizá baste otro golpe terrorista, tal vez no lejano en el tiempo.

Pues acaso en la mente del Monstruo el próximo salto cualitativo sea hacer que esos golpes proliferen: no tan brutales pero más seguidos y múltiples. Así caerá la fruta madura…

¿Cuántos, entonces, seguirán siendo capaces de decir: “¡No, no todos somos París!”?

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