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En Pocas Palabras

(El Blog de Cordura)

mes

noviembre 2015

Siria: Rusia, ¿cayendo en la trampa?

De septiembre para acá, la cuestión siria ha entrado en una nueva dinámica que abona la impresión de que Rusia está cayendo en una trampa como en su día la URSS en Afganistán (años ochenta). 

A-Putin y Obama

A petición de Asad, Rusia entra en Siria a luchar contra el Daesh. Unos cuantos golpes eficaces, y enseguida pone en evidencia a Estados Unidos, que llevaba un año haciéndolo “inútilmente” (¿para provocar a Putin? Recuérdese esto). En Ankara una marcha por la paz es objeto de un extraño atentado que mata a unas cien personas. Un avión ruso de pasajeros sufre un ataque en el Sinaí (mueren 224). Atentados en París atribuidos al Daesh: 130 ciudadanos muertos (además de siete presuntos terroristas). Entonces el G-20 se reúne en Turquía, donde Putin señala implícitamente como cómplices del Daesh a gobiernos allí representados. Rusia y Francia acuerdan coordinar sus ataques al Daesh en Siria. La resolución 2249 del Consejo de Seguridad de la ONU autoriza de facto a las distintas potencias a atacar a los terroristas en Siria e Irak (sin exigir la autorización de sus gobiernos, frente a la voluntad inicial de Rusia). Cae otro avión ruso, esta vez militar y en suelo sirio, abatido por Turquía (necesariamente, con la anuencia de la OTAN).

Aunque Putin no tiene un pasado pacífico ni moralmente impoluto, nadie podrá negar que frente a Occidente viene combinando grandes dosis de mesura y prudencia con sus bien conocidas frialdad, firmeza e inteligencia estratégica. Sus pasos, tanto en Ucrania como en Siria, reflejan temple y coraje no exentos de cautela ante un adversario al que sabe más poderoso.

Tras lo de París, multiplicó los gestos de buena voluntad que ya venía mostrando en las semanas previas. Prueba de ello fue incluir el lema “Por París” en sus misiles o enviar a Francia un cachorro para reemplazar a la perra policía perecida en los atentados. Además, el presidente ruso se aprestó a declarar al país galo aliado de Rusia. Con estas bases, es inconcebible que ningún caza ruso pretendiera provocar a la OTAN entrando en Turquía.

La OTAN conoce la debilidad rusa y la explota. El derribo del caza es un nuevo recado, como el del avión comercial a finales de octubre, contra el recién adquirido protagonismo de Rusia en Siria. El mensaje imperial es claro: “Putin, no olvides quién manda aquí. No creas ni por un momento que pasarás de tener un nivel subalterno en la actual geopolítica mundial. De lo contrario, atente a las consecuencias.”

Los medios del Sistema-Imperio falsean la pugna en torno a Siria reduciéndola, en el mejor de los casos, a un duelo de ambiciones entre potencias enfrentadas. Semejante planteamiento prescinde del hecho de que la fuerza agresora es Occidente, y de que Rusia, al defender a Siria, se defiende también a sí misma, consciente de cómo la OTAN lleva décadas cercando su territorio.

Si a eso se añade que el hijo del atlantista turco Erdogan controla el tráfico de petróleo sustraído por el Daesh (secreto a voces, por más que lo calle la prensa “libre” occidental), ¿realmente hemos de creernos que la dramática situación actual se reduce a una cuestión de fanatismo religioso violento, como dan a entender los gobernantes occidentales?

Esperamos poder seguir analizándola en breve.

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¿Todos somos París?

«Aux armes, citoyens. Formez vos bataillons.
 Marchons, marchons!
 Qu’un sang impur
abreuve nos sillons! […] Amour sacré de la Patrie,
 conduis, soutiens nos bras vengeurs» (La Marsellesa).

A-Uniformidad.jpg

Soy culpable, lo confieso. Aunque me pareció brutal la matanza de la otra noche en París, me sobrecoge aún más –he aquí mi culpa– la reacción de tanta gente, quizá la mayoría. Me sobrecogen esos unánimes minutos de silencio en tantos centros de trabajo, especialmente públicos. Me sobrecoge tanta apelación patriótica en Francia y por aquí. Me sobrecoge tanta unidad repentina

Los hinchas cantaron la Marsellesa
Francia será implacable
“Todos unidos contra el terrorismo”
“Todos somos Francia”
“Todos somos París”

Todos… Todos… Todos…

Horas de emoción. Hay que estar con las víctimas. Contra los terroristas. Unidos. Todos unidos. Llorando primero. En silencio un minuto. Clamando después contra el terror. Unidos. Con los gobiernos que nos protegen de los terroristas (tres meses de estado de emergencia) y acabarán derrotándolos. Con François Hollande, el principal objetivo de los terroristas, por fortuna frustrado…

Hollande. El que arma a terroristas que masacran sirios (ver también), el que bombardea ilegalmente desde hace meses ese país, el guerrerista contra Siria que sigue la estela del agente de la CIA que lo precedió. Responsable en primer grado de la tremenda crisis de los refugiados, definitivo enterrador de la política exterior autónoma de Francia, paladín de la OTAN.

Todos con Hollande.

Casi todos estamos, en mayor o menor grado, insatisfechos con nuestras vidas. La economía va “regular”, nuestras conciencias no siempre nos bendicen. Tenemos una vaga, pero gigantesca, sed de plenitud. Cuando ocurre algo como lo del viernes, explotamos. Nos señalan el enemigo y empezamos a descargar nuestro odio sobre él. Bendita catarsis. De repente, nos sentimos parte del Todo, y a fe que lo agradecemos. Es el panteísmo promovido por la fabulosa máquina de propaganda mediática. Estatal. Imperial. Religiosa. De repente, todos legitimamos la guerra. El “algo habrá que hacer…” se carga ahora de razón al sentirnos todos unidos. La razón de la emoción. La emoción de reaccionar en caliente, dejando de lado algo tan desagradable como pensar, fuente de angustias y remordimientos…

Los enemigos son esos “yihadistas” de maldad reflejada en aquellos vídeos tan peliculeros… No es momento (ahora menos que nunca) de preguntarnos por qué son tan peliculeros. Ni quién es Hollande y qué tiene que ver con ellos. Es hora de exigir mano dura. Aunque nos cueste nuevos recortes, seguramente definitivos, de nuestras libertades.

En España, junto con IU, Podemos esta vez ha sido valiente. Ha osado ser voz disonante. Romper el “todos unidos” del Poder. En contraste con sus crecientes coqueteos con la OTAN, ha optado ahora por mantener la cabeza fría y apostar por la paz.

¿Por cuánto tiempo? ¿Cuánto aguantarán la presión? Dependerá de la firmeza de sus convicciones. Precaria como es, no soportará muchos más envites de la propaganda. Quizá baste otro golpe terrorista, tal vez no lejano en el tiempo.

Pues acaso en la mente del Monstruo el próximo salto cualitativo sea hacer que esos golpes proliferen: no tan brutales pero más seguidos y múltiples. Así caerá la fruta madura…

¿Cuántos, entonces, seguirán siendo capaces de decir: “¡No, no todos somos París!”?

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