Modesta aportación, analítica pero cordial, al presente debate en Podemos sobre las causas del batacazo del 26J, en el marco de nuestra serie sobre la naturaleza de esta formación política. Además, sin ánimo acusador pero sin tabúes, se sugiere un revulsivo.

«La confluencia se ha revelado como el camino correcto»
(Pablo Iglesias, secretario general de Podemos).
«Ciertamente, el acuerdo [con Izquierda Unida] no parece haber funcionado»
(Íñigo Errejón, secretario político de Podemos).

A-PableteAquí no se trata de avivar la “guerra” –mediática– entre pablistas y errejonistas. Se parte de  reconocer la inmensa valía de los dos compañeros así aludidos y la necesidad de que sigan juntos, aportando su sapiencia al proyecto. Como se verá, la tesis aquí sostenida da la razón a la anterior cita de Pablo frente a la de Íñigo, lo que no implica ningún sí incondicional al primero.

 ¿Fracasó la coalición?
A efectos didácticos, a continuación ofrecemos esquemáticamente nuestra tesis1 y reservamos el primer comentario del hilo para ampliarla mediante notas a pie:

  1. La coalición con Izquierda Unida (IU) funcionó en grado relevante: gracias al número de escaños (69 + 2 = 71), Podemos camufló su bajada e IU los aumentó de 5 a 8.
  2. Téngase en cuenta, además, que la base principal de la comparación para medir la bondad o no de la coalición Unid@s Podemos (UP) no puede ser el 20D sino las expectativas electorales de las semanas previas a la constitución de aquella (cuyo preacuerdo llegó el 9 de mayo).
  3. En esas semanas, ateniéndonos a las encuestas, Podemos podía perder incluso más de 20 de los 69 diputados del 20D.2 Quizá, partiendo de esa base, 2 más 2 sí fueron 4.
  4. Podemos había nacido como un partido transversal, lo que le llevó a rechazar tajantemente coaligarse con IU en aquellas elecciones.3 La confluencia general de cara al 26J se explica necesariamente, desde el lado de Podemos, por las pobres perspectivas que le auguraban los sondeos.
  5. El millón largo de votos perdidos, que sin duda ha supuesto un fracaso para UP, habrá que explicarlo no tanto por la confluencia en sí como por los antecedentes de la misma y factores similares.4

¿Qué es lo que falló?
Por supuesto, lo anterior no niega que, en comparación con los resultados del 20D, Podemos ha fracasado el 26J. Sin embargo, nos ayuda a comprender por qué no sobrevino un escenario cercano a la debacle, aunque sí un alarmante desplome (en votos). Como ya hemos apuntado, para averiguar los principales motivos del mismo hay que remontarse a los meses previos al surgimiento de UP, y especialmente a la minilegislatura fruto del 20D. Veámoslo:

  1. El concepto clave es desgaste. Pero, como vamos a ir viendo, resulta demasiado amplio. Para empezar, hay que relacionarlo con la imagen de Podemos y con quien más la ha nutrido: su secretario general.
  2. Pablo Iglesias tiene rasgos de líder nato. Es activo, rompedor, con gancho y singular capacidad de arrastre; también es, y sobre todo resulta, demasiado polémico, lo que en parte se debe a las características del proyecto Podemos, enfrentado al establishment, pero también a su propia personalidad.
  3. El colmo ha sido la manida pero incuestionable sobreexposición mediática de Pablo (de la que se lleva hablando más de año y medio –ejemplo–, sin que nunca se corrigiera).
  4. Por genial que sea el personaje, nadie es perfecto, y tanta presencia en los medios provoca saturación en la audiencia y propicia la multiplicación de errores y defectos5 en la transmisión del mensaje. El resultado es hartazgo y pérdida de credibilidad. El protagonista se acaba quemando y, lo que es peor, tiende a quemar también el proyecto.6
  5. Volviendo a la breve legislatura pasada, parece indudable que, aun cuando Podemos fue más honesto y coherente al buscar pactos que sus rivales directos (PSOE y Ciudadanos), en ella prevaleció el relato de estos últimos (pero no sin graves errores de imagen de Pablo Iglesias y los suyos, pese a conocer la importancia de la percepción pública de sus actos).
  6. Para comprender aún mejor el batacazo, es necesario remontarse todavía más atrás: a la precampaña del 20D, hace ya un año, cuando Pablo Iglesias empleaba palabras gruesas refiriéndose a IU.7 Alguien previsor y que conoce la importancia de las emociones nunca debería haber caído en ese error.

El revulsivo
Ahora nos toca ser niños, como en el cuento, y señalar la desnudez del rey (por más que, a diferencia de las típicas aplicaciones del cuento, sea un “rey” realmente querido por la gran mayoría de sus “súbditos”).

Aunque Podemos no es un partido tan personalista como por ejemplo Ciudadanos, la genial desmesura de Pablo Iglesias –que la tiene para bien y para mal– ha agostado la frescura de esta fuerza política para un creciente sector de electores. Dado el magnetismo del personaje (tan repulsivo como atractivo), eso genera un techo de facto que bloquea las posibilidades de crecimiento y ahuyenta más que atrae a sectores que de otro modo podrían votar a Podemos.

En razón de ello, desde la gratitud por lo que ha dado (el propio hecho de haberse quemado involucra mucha generosidad), parece llegado el momento de que, como él mismo insinuara hace más de un año, pase a un segundo plano.8 Pablo es joven, y si se lo toma, al modo de Moisés, como una temporada en el desierto, le será a él mismo de provecho, ayudándole a madurar. Tal decisión, en todo caso, puede ser beneficiosa para Unid@s Podemos (que tiene “banquillo” de sobra para reemplazarle: Alberto, Ada, Íñigo, Mónica, Echenique…) y para España, al desbloquear el futuro de la única formación sólida realmente alternativa al pensamiento único. Y sin perjuicio de que, ya completada su maduración, Pablo pudiera regresar al primer plano.

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