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En Pocas Palabras

(El Blog de Cordura)

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Le Pen, Macron y el Fascismo Global

Reciente aún la disyuntiva Clinton-Trump, nos llega otra: Macron vs. Le Pen. Y, como entonces, los medios sensatos nos señalan la opción “buena” y la “mala”. Le Pen, dicen, representa a la peligrosa extrema derecha antieuropea. La izquierda, recelosa del “neoliberal” Macron, no tiene tan clara su opción. Pero el dilema se rompe identificando a Le Pen con el fascismo…

A-LePenMacron
Fuente: ‘La Vanguardia’

Veamos… El Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen ha cambiado mucho desde que lo dirigiera su padre, Jean-Marie. En cuestiones migratorias, hoy se diferencia muy poco de cualquier partido “liberal” o conservador al uso. Buena parte de sus propuestas sobre inmigración remiten a medidas reaccionarias de gobiernos europeos (británico, neerlandés, suizo…) no considerados de ultraderecha. Su énfasis explícito contra el islam (contra el “fundamentalismo islámico”, prefiere decir la lideresa) sí sería, con matices, un elemento diferencial del FN. Incluso su defensa de un laicismo más radical parece inspirada por un grado nada desdeñable de islamofobia, al menos de facto.

Por lo demás, en la mayoría de cuestiones sociomorales, el FN apenas se distingue de las corrientes tenidas por progresistas (ya no se opone a las uniones homosexuales, tampoco al aborto; ni defiende la pena de muerte; se mantiene, eso sí, contrario a la eutanasia). Y en asuntos económicos y políticos, sus posturas son en gran medida asimilables a las que sostiene hoy la izquierda de Mélenchon: defensa del sector público, cuestionamiento de la Unión Europea (UE), rechazo de la OTAN y del FMI, todo ello desde una óptica nacionalista y antiglobalista. Se opone, además, al acoso a Rusia y a las guerras del Imperio de manera (aún) más resuelta que la izquierda citada.

El Fascismo Global

Llamar a Le Pen “fascista”, como se hace desde sectores de la izquierda, parece exagerado y, sobre todo, anacrónico. El fascismo real, el histórico, al que se pretende asimilar al FN, surgió sobre todo para hacer frente al comunismo, encarnado en la Unión Soviética. Hoy no existe nada de eso. Lo que hay, en su lugar, es un imperio ultracapitalista de clara proyección unipolar que busca la hegemonía planetaria absoluta. En todo caso, cuando se ven las cosas con perspectiva, no es difícil comprender que la cuestión no es si el partido de Le Pen es o no fascista, sino dónde está el mayor y verdadero peligro para la libertad, la paz e incluso la supervivencia en el mundo. Y ahí es donde, puestos a usar la palabrita, conviene volver a hablar del Fascismo Global, que presenta estos rasgos:

  • Guerrerismo imperialista, incluso “preventivo” (al modo nazi), con la excusa de un terrorismo “yihadista” de oscuro origen y de cantinelas como las “armas de destrucción masiva” o “dictadores” demonizados.
  • Creciente liberticidio con la misma excusa (Francia, el país que nos ocupa, lleva casi año y medio en estado de emergencia: régimen excepcional que no parece escandalizar a nadie).
  • Masivo espionaje a todo el mundo por parte de los servicios secretos imperiales en colaboración con las grandes compañías tecnológicas.
  • Grupos mediáticos que, con un mismo discurso básico, controlan la información a escala global y cuyo accionariado está en manos de la gran banca y empresas transnacionales.
  • Imposición al mundo de una política económica que asegure los negocios de esos poderes, con la fachada de la UE en el caso europeo, los medios de comunicación convertidos en instrumentos de adoctrinamiento general del pensamiento único, y la OTAN (surgida frente a la “amenaza” soviética, hoy inexistente) como garante último del montaje, todo lo cual evidencia que nuestra cacareada democracia es en el fondo una ficción, al ser imposible de hecho un cambio social real.
  • Descomunal e inédita concentración de poder global obviamente en busca de implantar un gobierno mundial que, como se desprende de los rasgos anteriores, tendrá un signo totalitario, para lo cual necesitan primero cerrar el mundo acabando con los gobiernos (Siria, Irán, Rusia, China, Venezuela…) que se salen del guión.

Este es el Fascismo que debería preocuparnos, el que nos engaña, espía, amordaza, acosa y aun derroca a gobiernos legítimos, machaca a los pueblos disidentes, arrasa y destruye países. El Fascismo Global, rabiosamente elitista y supremacista, que utiliza a (supuestos o reales) fascistas menores (desde Trump hasta Amanecer Dorado, pasando por el FN) como cortinas de humo y chivos expiatorios. La globalización hecha sangre de los pueblos y cifras cada vez más largas en las cuentas de los opulentos. El Sistema-Imperio.

El mismo que ya ha logrado poner contra Rusia al necio Donald Trump, y cuyo representante actual en Francia no es otro que Emmanuel Macron.

Si Marine fuera una ferviente otanista, ¿la odiaría tanto el Sistema?

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Trump, la nariz tapada y el despiste general

El poder embrutecedor de los grandes medios y esa vaga angustia generalizada nos inducen a dar respuestas fáciles a cuestiones complejas. Las conclusiones así obtenidas no solo suelen ser erróneas, sino además contraproducentes. Así ocurre también en el tema que nos ocupa.

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No os asustéis, que es la buena de la película. Fuente

Alardeó, risueña, de causar un linchamiento nada más llegar. El de un líder político que estorbaba. Sin base legitimadora en el derecho internacional. Ya antes había apoyado los bombardeos en los Balcanes y la guerra contra Irak. Y promovido el golpe de estado en Honduras. Después activaría la gigantesca guerra sucia contra Siria (ver también). Empleada fiel y bien remunerada del sionismo antipalestino, siempre ha defendido sus crímenes al precio que hiciera falta (ver también 1 y 2). Hablamos de la buena de la película.

El caso no es baladí. Todo nuestro arco parlamentario patrio, incluidos los “antisistema”, llevan meses normalizando que una señora corrupta y genocida sea la buena de la película. Todos unidos contra el “loco”, el “payaso”, el “xenófobo”, el “machista”, el “fascista”. Contra el malo. El que finalmente, por esas cosas de la ejemplar democracia estadounidense, ha ganado las elecciones con menos voto popular que su adversaria.

No es que falten razones para esos calificativos. Hay, no obstante, otros (como el de “asesino”) que al menos todavía no le caben, dicho sea sin ignorar que apunta maneras. A la buena en cambio, sí. Lo cual no ha impedido que sea la buena incluso entre los “antisistema”. Eso sí, como no son unos cínicos, aseguraron que, de poder votarla, la votarían con la nariz tapada (ver también). Aunque su líder no se la tapara cuando corrió a una base controlada por la OTAN a “abrazarse” con un asesino no menor que la buena de película, ni menos bueno que ella, que por algo han compartido campaña y hasta gobierno, con él como máximo responsable. Nada de esto, ni la nariz tapada ni el “abrazo”, parece haber conmovido cimiento alguno entre los “antisistema”. Ni en su cúpula, ni en sus círculos, ni en sus cuadrados…

Donald es un amoral que como tal se expresa por gestos y palabras. Hillary y Barack son dos amorales que procuran esconder su amoralidad. Él no engaña. Parece un loco por necio, irracional, disparatado, imprudente, demasiado confiado en sí mismo (un pobre mortal…). Ellos, disparando drones, bombardeando, amenazando, linchando, no son menos locos, menos necios, menos imprudentes. Pero su locura es mucho más racional. Son puro cálculo psicópata. Justo por ello, en principio, resultan mucho más peligrosos.

Pero son los buenos de la película. Sí, Donald es el típico “impresentable”, pero como tal se presenta, no engaña. Lo terrible es que a los otros se los considere presentables. ¡Ay, la respetabilidad burguesa! Compartida, como vemos, hasta por los “antisistema” patrios (pero también por Bernie), tan antiburgueses ellos.

Que viene el fascismo…

Brexit y Trump ya están aquí. A Marine Le Pen se la espera. Hungría, Polonia…, gobiernos xenófobos. Y las malas bestias de Amanecer Dorado… He ahí la gran coartada para haber votado a la buena de la película, aunque fuera con la nariz tapada (i.e., pisoteando los principios éticos más evidentes al normalizar a una genocida).

Sabemos tanto de política, que hasta somos politólogos… Pero, qué cosas, no acertamos (?) a ver que el fascismo no viene, que ya está aquí, que lleva años instalado. Que no es Trump, ni el “neofranquismo del PP”. Que el IV Reich ni siquiera es “la Merkel”, y que le estamos dejando ganar: engañarnos, espiarnos, amordazarnos, recortarnos derechos sociales, machacar a los pueblos disidentes, arrasar, avasallar. Que es el Fascismo Global, rabiosamente elitista y supremacista, canonizado por ese embaucador de progres y de pobres que sirve a los ricos. Que es la globalización hecha sangre de los pueblos y cifras cada vez más largas en las cuentas de los opulentos. El Sistema-Imperio.

Pero no hagáis caso, no son más que chaladuras de un voceras extremista que encima se hace llamar Cordura…

Podemos (III): ¿El rey va desnudo?

Modesta aportación, analítica pero cordial, al presente debate en Podemos sobre las causas del batacazo del 26J, en el marco de nuestra serie sobre la naturaleza de esta formación política. Además, sin ánimo acusador pero sin tabúes, se sugiere un revulsivo.

«La confluencia se ha revelado como el camino correcto»
(Pablo Iglesias, secretario general de Podemos).
«Ciertamente, el acuerdo [con Izquierda Unida] no parece haber funcionado»
(Íñigo Errejón, secretario político de Podemos).

A-PableteAquí no se trata de avivar la “guerra” –mediática– entre pablistas y errejonistas. Se parte de  reconocer la inmensa valía de los dos compañeros así aludidos y la necesidad de que sigan juntos, aportando su sapiencia al proyecto. Como se verá, la tesis aquí sostenida da la razón a la anterior cita de Pablo frente a la de Íñigo, lo que no implica ningún sí incondicional al primero.

 ¿Fracasó la coalición?
A efectos didácticos, a continuación ofrecemos esquemáticamente nuestra tesis1 y reservamos el primer comentario del hilo para ampliarla mediante notas a pie:

  1. La coalición con Izquierda Unida (IU) funcionó en grado relevante: gracias al número de escaños (69 + 2 = 71), Podemos camufló su bajada e IU los aumentó de 5 a 8.
  2. Téngase en cuenta, además, que la base principal de la comparación para medir la bondad o no de la coalición Unid@s Podemos (UP) no puede ser el 20D sino las expectativas electorales de las semanas previas a la constitución de aquella (cuyo preacuerdo llegó el 9 de mayo).
  3. En esas semanas, ateniéndonos a las encuestas, Podemos podía perder incluso más de 20 de los 69 diputados del 20D.2 Quizá, partiendo de esa base, 2 más 2 sí fueron 4.
  4. Podemos había nacido como un partido transversal, lo que le llevó a rechazar tajantemente coaligarse con IU en aquellas elecciones.3 La confluencia general de cara al 26J se explica necesariamente, desde el lado de Podemos, por las pobres perspectivas que le auguraban los sondeos.
  5. El millón largo de votos perdidos, que sin duda ha supuesto un fracaso para UP, habrá que explicarlo no tanto por la confluencia en sí como por los antecedentes de la misma y factores similares.4

¿Qué es lo que falló?
Por supuesto, lo anterior no niega que, en comparación con los resultados del 20D, Podemos ha fracasado el 26J. Sin embargo, nos ayuda a comprender por qué no sobrevino un escenario cercano a la debacle, aunque sí un alarmante desplome (en votos). Como ya hemos apuntado, para averiguar los principales motivos del mismo hay que remontarse a los meses previos al surgimiento de UP, y especialmente a la minilegislatura fruto del 20D. Veámoslo:

  1. El concepto clave es desgaste. Pero, como vamos a ir viendo, resulta demasiado amplio. Para empezar, hay que relacionarlo con la imagen de Podemos y con quien más la ha nutrido: su secretario general.
  2. Pablo Iglesias tiene rasgos de líder nato. Es activo, rompedor, con gancho y singular capacidad de arrastre; también es, y sobre todo resulta, demasiado polémico, lo que en parte se debe a las características del proyecto Podemos, enfrentado al establishment, pero también a su propia personalidad.
  3. El colmo ha sido la manida pero incuestionable sobreexposición mediática de Pablo (de la que se lleva hablando más de año y medio –ejemplo–, sin que nunca se corrigiera).
  4. Por genial que sea el personaje, nadie es perfecto, y tanta presencia en los medios provoca saturación en la audiencia y propicia la multiplicación de errores y defectos5 en la transmisión del mensaje. El resultado es hartazgo y pérdida de credibilidad. El protagonista se acaba quemando y, lo que es peor, tiende a quemar también el proyecto.6
  5. Volviendo a la breve legislatura pasada, parece indudable que, aun cuando Podemos fue más honesto y coherente al buscar pactos que sus rivales directos (PSOE y Ciudadanos), en ella prevaleció el relato de estos últimos (pero no sin graves errores de imagen de Pablo Iglesias y los suyos, pese a conocer la importancia de la percepción pública de sus actos).
  6. Para comprender aún mejor el batacazo, es necesario remontarse todavía más atrás: a la precampaña del 20D, hace ya un año, cuando Pablo Iglesias empleaba palabras gruesas refiriéndose a IU.7 Alguien previsor y que conoce la importancia de las emociones nunca debería haber caído en ese error.

El revulsivo
Ahora nos toca ser niños, como en el cuento, y señalar la desnudez del rey (por más que, a diferencia de las típicas aplicaciones del cuento, sea un “rey” realmente querido por la gran mayoría de sus “súbditos”).

Aunque Podemos no es un partido tan personalista como por ejemplo Ciudadanos, la genial desmesura de Pablo Iglesias –que la tiene para bien y para mal– ha agostado la frescura de esta fuerza política para un creciente sector de electores. Dado el magnetismo del personaje (tan repulsivo como atractivo), eso genera un techo de facto que bloquea las posibilidades de crecimiento y ahuyenta más que atrae a sectores que de otro modo podrían votar a Podemos.

En razón de ello, desde la gratitud por lo que ha dado (el propio hecho de haberse quemado involucra mucha generosidad), parece llegado el momento de que, como él mismo insinuara hace más de un año, pase a un segundo plano.8 Pablo es joven, y si se lo toma, al modo de Moisés, como una temporada en el desierto, le será a él mismo de provecho, ayudándole a madurar. Tal decisión, en todo caso, puede ser beneficiosa para Unid@s Podemos (que tiene “banquillo” de sobra para reemplazarle: Alberto, Ada, Íñigo, Mónica, Echenique…) y para España, al desbloquear el futuro de la única formación sólida realmente alternativa al pensamiento único. Y sin perjuicio de que, ya completada su maduración, Pablo pudiera regresar al primer plano.

Podemos (II): ¿Un partido cristiano?

«Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me recogisteis…» (Mateo 24: 35).

«Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gálatas 3: 28).

«Felices vosotros cuando os insulten y os persigan, y cuando digan falsamente de vosotros toda clase de infamias por ser mis discípulos…» (Mat. 5: 11-12).

 

A-Dignidad

“¡¿Los de Podemos, cristianos?! ¡Pero si son abortistas, si defienden la ideología de género, si la mayoría son ateos…!”, replicarán los respetables cristianistas para quienes la religión de Jesús no es más que “moral y costumbres”; o que, todo lo más, la confunden con tradiciones patrias y ciertas pautas esperables en los profesos “cristianos” (debidamente aburguesados). Cuestión despachada.

Así llevan mucho tiempo reduciendo una praxis social de máximos, centrada en el amor a los necesitados, a un moralismo de mínimos, tan cómodo para su visión conservadora de la vida. Anteponen unos valores superficiales que de algún modo les dan seguridad, al evangélico servicio a los demás hasta las últimas consecuencias (ver también). Y se han llegado a creer que rasgarse las vestiduras por el “asalto” a una capilla o por los desfiles del “orgullo gay” es una actitud más cristiana que tratar de parar un desahucio o defender la sanidad pública de verdad.

La realidad, a poco críticos que seamos, se ajusta muy poco a esos esquemas tan reactivos y reaccionarios. Un mínimo conocimiento de las bases del cristianismo nos recuerda su defensa radical del igualitarismo, de la dignidad de la mujer, de los desfavorecidos, de la paz y la laicidad, de la transparencia y la responsabilidad moral, de la sonrisa frente al odio, de la fraternidad

Por otra parte, no es raro que llamar “cristiano” a Podemos también pueda chocar, con razón, incluso a mentes instruidas. El propio nombre de la formación (“Podemos”) y su lema típico (“¡Sí se puede!”) evocan una ética humanista, muy alejada de la del Maestro (ver también). Pero no hay que olvidar que el cristianismo bíblico, a la vez que nos invita a la perfección moral, exalta el valor de la propia conciencia, sea o no creyente quien la alberga. [Es justamente en la lucha, tan necesaria, por esa perfección moral como descubrimos que necesitamos algo más, seamos o no cristianos.]

Sin duda, no cabe llamar a Podemos, ni a sus principales portavoces, cristianos en sentido estricto; ni a su praxis, ni al conjunto de su filosofía (entre otros rasgos, abusan del “Somos los mejores”, lo que choca con las más elementales apelaciones cristianas a la humildad; incurren en un irreflexivo papismo de facto; etc.). Pero lo cierto es que tanto este partido-movimiento como su entorno (PAH, 15M, IU, mareas, marchas por la dignidad…) llevan años dejando en evidencia a los que se llaman “cristianos” mientras permiten que su prójimo, especialmente el débil, agonice a su lado, sin hacer otra cosa, en el mejor de los casos, que darle alguna limosna sobrante. Si ante esa situación alguien pregunta “¿Dónde están los cristianos?”, no queda más remedio que señalar la defección de quienes así se autoproclaman (nos autoproclamamos), y/o, más positivamente, apuntar en dirección al entorno de Podemos, con todos sus defectos.

Por eso, si te sientes cristiano de verdad, de los que anhelan seguir a Jesús de Nazaret, no consientas que te engañen los que no quieren que en este país nunca cambie nada esencial. Y mucho menos, que lo hagan en nombre de Cristo.

Los jueces de los titiriteros

Imagínatelo. Estás denunciando públicamente el atropello sufrido por un amigo: «…Y le acusaron de decir “Estoy dispuesto a matar a Fulanito de Tal”, cosa que me consta que jamás dijo…» Entonces, alguien llama a la policía: «El orador ha dicho: “Estoy dispuesto a matar a Fulanito de Tal”». Llegan unos agentes, te detienen, te entregan a un juez y finalmente este dicta auto de prisión incondicional por haber dicho “Estoy dispuesto a matar a Fulanito de Tal”. ¿Injusto? Absolutamente. ¿Absurdo? Del todo. ¿Inverosímil? Por desgracia no, ya que en esencia esto es lo que les ocurrió la semana pasada a unos titiriteros del carnaval madrileño.

Hay que volver a este asunto –en segundo plano desde que recibieran la libertad condicional tras cinco días en prisión–, pues el caso no ha concluido ni parece que se esté resolviendo de manera justa. Algo muy alarmante por tratarse de una brutal conculcación de derechos elementales que no ha sido percibida así por gran parte de la sociedad.

En su auto, de embarullada (¿apresurada?) redacción, el juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno Chamarro afirma que «los hechos, a tenor de los cuales se produce la exhibición de un cartel, con la leyenda “Gora Alka-ETA”, constituyen un delito de Terrorismo [sic]».

Estos días se ha insistido mucho en la aberración que supone juzgar así una obra de ficción. Pero una ficción puede incluir elementos objetivamente dañinos, intolerables e incluso ilegales en un genuino estado de derecho. La clave no está en la ficción sino en la intención, y el problema radica en que el auto no analiza el guion de la obra representada, ni siquiera el contexto inmediato a la “exhibición” de ese cartel. Si se procede a ese análisis, se comprende enseguida que el citado letrero no aparece en el guiñol para alabar a banda terrorista alguna, sino que un títere lo coloca en el cuerpo de otro para sembrar una prueba falsa. Sin ser una historia simple, parece que, una vez analizada, es lo bastante sencilla como para que un juez (?), un ministro del Interior e infinidad de “periodistas” (ejemplo) no tergiversen obscenamente el asunto hablando de “enaltecimiento del terrorismo”.

En suma, “Gora Alka-ETA” sería nada más que una cita, en el sentido de “mención” (ver DRAE). Dicho de otro modo, según el motivo esgrimido por el juez Moreno, yo mismo debería ser encarcelado al usarla aquí; no solo yo, sino antes que yo la legión de “periodistas” que se lanzaron sobre esa carnaza con fines nada periodísticos; ¡e incluso el propio juez, quien cita “Gora Alka-ETA” hasta tres veces en su abominable auto (anti)judicial! (¿Es consciente de que dicho auto habrá llegado a mucha más gente que el número de asistentes al guiñol de marras?).

A-GoraJuez1
Facsímil de mención (con negrita original) en auto del juez Moreno

Con todo esto en mente, ¿es raro que pronto surgiera una iniciativa ciudadana para encausar al juez como prevaricador, o que se presentase ante el Tribunal Supremo una querella contra él y contra la fiscal del caso? Ni siquiera debiera extrañar que una víctima de ETA criticara públicamente el atropello a los titiriteros.

¿Cómo explicar lo ocurrido? No, no cabe achacarlo a un grave error del juez y sus corifeos, ¡tiempo han tenido ya de corregirlo! Creo que son móviles políticos y sociológicos los que ayudan a explicarlo:

  1. La constante campaña contra Podemos y su entorno (sin parangón ya en la historia de nuestra microdemocracia).
  2. La evidente consigna del PP de explotar la cuestión terrorista (curiosamente, tanto más cuanto más lejos quedan los crímenes etarras).
  3. La mentalidad acusadamente guerracivilista aún presente en muchos de nuestros compatriotas (un legado de la tragedia de España).
  4. La experimentación en control social que, al calor de la “Guerra contra el Terror”, viene produciéndose en Occidente especialmente tras el 11-S, y que permite comprobar cómo grandes capas de la población consienten pasivamente recortes en las libertades ante el fantasma del terrorismo.

También cabría mencionar la tibieza de la alcaldesa de Madrid y el turbio pasado del juez Moreno, pero no creo que eso afecte al fondo del asunto.

Por un no a la guerra con bases más sólidas

 

«Yo, que con malvada satisfacción denuncio a mis vecinos por su utilización de chivos expiatorios, sigo considerando los míos como objetivamente culpables» (René Girard)

A-chivo

Podemos y debemos decir “No a la guerra”, pero eso no basta. Las cosas han evolucionado de tal modo que se les han puesto muy de cara a los belicistas. “¿Qué queréis, que nos dejemos matar?”, nos espetaba recientemente un ciudadano en una concentración pacifista. Con tono y mirada, por cierto, cargados de un odio que no solo dirigía a los terroristas (lo confirmó después llamándonos “idiotas”).

El caso ilustra la magnitud del problema que encaramos: una población, totalmente manipulada por los mensajes mediáticos, que se revolverá cada vez más contra los disidentes (chivos expiatorios sobre los que verter, de paso, cuantas frustraciones vitales llevan años acumulando). Normal. La mayoría de la gente no ha hecho los deberes. Lleva décadas sin abordar críticamente los datos que recibe. No es raro que acepte las versiones oficiales.

Pero, ¿y nosotros, los sectores contrarios a la guerra? ¿Hemos hecho los deberes? Mi experiencia personal no me permite ser muy optimista. Son ya múltiples los encuentros con firmes detractores de la violencia imperial que asumen no pocas premisas dominantes sobre terrorismo, guerras y geopolítica. Muchos creen, por ejemplo, que Occidente realmente quiere acabar con el “yihadismo” (su supuesto enemigo, al que utiliza desde hace tiempo; ver también 1 y 2); que el papel de Rusia en Siria viene a ser igual de agresivo que el de Occidente; o que atentados como el de París no son más que respuestas a las campañas bélicas del Imperio. Con bases como estas se apuntala el discurso oficial –el del sí a la guerra– y se torna mucho más difícil responder a críticas como la del pobre hombre arriba citado. Máxime cuando, pronto, sobrevengan nuevos brutales atentados “yihadistas” y nos insistan que urge acabar con ellos “allí donde están”.

Lo peor de dichas premisas es que son falsas, pero lo más terrible es que, tras asumir patrañas encadenadas durante décadas (al menos, desde el 11-S), no es realista pensar que tengamos mucho margen para revertir tanta manipulación. Aun así, formularemos aquí algunas preguntas que podrían cuestionar radicalmente el discurso oficial:

–¿Por qué tras la caída del Muro de Berlín, Estados Unidos ha seguido aumentando sus bases militares en el extranjero? (Ver también).

–¿Por qué sigue existiendo la OTAN 24 años después de desaparecido el Pacto de Varsovia?

–¿Cuántos sabemos que en 1954 la URSS, la gran excusa para la existencia de la OTAN, solicitó su ingreso en ella?

–¿Qué es la Red Gladio?

–¿Cuán creíbles son los relatos oficiales sobre los grandes atentados del siglo XXI (11-S, 11-M, 7-J…)?

–¿Por qué los órganos mediáticos del Imperio ocultan la decisiva presencia neonazi en el actual régimen (golpista) ucraniano? (Ver también).

–¿Realmente puede alguien creerse que el Daesh, por muy “ejército de fanáticos” que sea, podría subsistir cuatro días (como cualquier otra banda que pusiera en jaque al mundo) sin el apoyo de potencias relevantes? (Ver igualmente).

–¿Tanto nos cuesta descubrir que el terrorismo “yihadista” resulta funcional a los planes del Sistema-Imperio?

–¿Nos hemos preguntado si existen realmente las “intervenciones humanitarias”?

–¿No somos capaces de ver que nuestros gobiernos nos están educando en el odio para seguir arrebatándonos nuestras libertades?

Los guerreristas llevan ya mucha ventaja en su lucha contra la humanidad. El tiempo es escaso (y la gente necesita chivos expiatorios). ¿Reaccionará la humanidad frente a sus auténticos verdugos…?

Siria: Rusia, ¿cayendo en la trampa?

De septiembre para acá, la cuestión siria ha entrado en una nueva dinámica que abona la impresión de que Rusia está cayendo en una trampa como en su día la URSS en Afganistán (años ochenta). 

A-Putin y Obama

A petición de Asad, Rusia entra en Siria a luchar contra el Daesh. Unos cuantos golpes eficaces, y enseguida pone en evidencia a Estados Unidos, que llevaba un año haciéndolo “inútilmente” (¿para provocar a Putin? Recuérdese esto). En Ankara una marcha por la paz es objeto de un extraño atentado que mata a unas cien personas. Un avión ruso de pasajeros sufre un ataque en el Sinaí (mueren 224). Atentados en París atribuidos al Daesh: 130 ciudadanos muertos (además de siete presuntos terroristas). Entonces el G-20 se reúne en Turquía, donde Putin señala implícitamente como cómplices del Daesh a gobiernos allí representados. Rusia y Francia acuerdan coordinar sus ataques al Daesh en Siria. La resolución 2249 del Consejo de Seguridad de la ONU autoriza de facto a las distintas potencias a atacar a los terroristas en Siria e Irak (sin exigir la autorización de sus gobiernos, frente a la voluntad inicial de Rusia). Cae otro avión ruso, esta vez militar y en suelo sirio, abatido por Turquía (necesariamente, con la anuencia de la OTAN).

Aunque Putin no tiene un pasado pacífico ni moralmente impoluto, nadie podrá negar que frente a Occidente viene combinando grandes dosis de mesura y prudencia con sus bien conocidas frialdad, firmeza e inteligencia estratégica. Sus pasos, tanto en Ucrania como en Siria, reflejan temple y coraje no exentos de cautela ante un adversario al que sabe más poderoso.

Tras lo de París, multiplicó los gestos de buena voluntad que ya venía mostrando en las semanas previas. Prueba de ello fue incluir el lema “Por París” en sus misiles o enviar a Francia un cachorro para reemplazar a la perra policía perecida en los atentados. Además, el presidente ruso se aprestó a declarar al país galo aliado de Rusia. Con estas bases, es inconcebible que ningún caza ruso pretendiera provocar a la OTAN entrando en Turquía.

La OTAN conoce la debilidad rusa y la explota. El derribo del caza es un nuevo recado, como el del avión comercial a finales de octubre, contra el recién adquirido protagonismo de Rusia en Siria. El mensaje imperial es claro: “Putin, no olvides quién manda aquí. No creas ni por un momento que pasarás de tener un nivel subalterno en la actual geopolítica mundial. De lo contrario, atente a las consecuencias.”

Los medios del Sistema-Imperio falsean la pugna en torno a Siria reduciéndola, en el mejor de los casos, a un duelo de ambiciones entre potencias enfrentadas. Semejante planteamiento prescinde del hecho de que la fuerza agresora es Occidente, y de que Rusia, al defender a Siria, se defiende también a sí misma, consciente de cómo la OTAN lleva décadas cercando su territorio.

Si a eso se añade que el hijo del atlantista turco Erdogan controla el tráfico de petróleo sustraído por el Daesh (secreto a voces, por más que lo calle la prensa “libre” occidental), ¿realmente hemos de creernos que la dramática situación actual se reduce a una cuestión de fanatismo religioso violento, como dan a entender los gobernantes occidentales?

Esperamos poder seguir analizándola en breve.

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